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El pequeño Joel recupera la esperanza

Desde que pudo abrir los ojos para conocer el mundo Joel encontró una realidad difícil, a sus 3 años de edad y apenas pudiendo hablar español y huichol, no entiende sobre diferencias sociales ni conoce más juguetes que los flacuchos animales con forma de perro con quien comparte sus tardes, y que en una que otra ocasión le han infectado de esas garrapatas del tamaño de una canica.
Sin comprender de razones solo sabe que más de alguna vez ha tenido que dejar ese refugio construido de palos y ramas al que conoce como “casa” para desplazarse a otro lugar donde puedan estar él y su familia.

Carente de TODOS los servicios tales como agua, luz eléctrica o atención médica, ha tenido que irse acostumbrando al estilo de vida que comparte con su familia y que pocas oportunidades le depara en su futuro. Para su fortuna, hasta el día de hoy no ha sido picado por ningún alacrán ni víbora, ha sobrevivido a las infecciones que provoca vivir en piso de tierra, y sus noches, a no ser por los fríos que se sienten más intensos cuando se vive en el monte, las goteras y sustos que les provocan los ventarrones de las lluvias que parecen enfurecidos queriendo arrancar su improvisada vivienda, han sido lo suficientemente negras y calladas como para olvidarse del mundo y dormitar con la esperanza de encontrar el amanecer con renovadas esperanzas.
Un cumpleaños de Joel es como cualquier otro día, aunque hay grandes árboles donde vive para poder colgar piñatas, apenas las conoce porque nunca ha quebrado una, ni ha probado el sabor de un pastel, y tampoco son de sus ilusiones los regalos que trae el señor regordete en diciembre, pues cuando se es parte de un grupo de huicholes que ya no pueden regresar a su lugar de origen algunas cosas se ven distintas.
Acompañando a su padre Victorino, Joel escucha que gracias a un Proyecto de Atención a Indígenas Desplazados es posible que su calidad de vida mejore si se suman esfuerzos entre el gobierno para ayudarles, por lo que fue así que el casi bebé recupera esperanzas de tener un mejor porvenir junto con otras decenas de niños huicholes al ver que sumados los esfuerzos de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y el Ayuntamiento de Tepic se funda una comunidad indígena anexa a Atonalisco en donde él vivirá, gracias a un proyecto que les dotará de un terreno propio donde construir una mejor casa, tener cerca los servicios de salud, educación, empleo y sobre todo tener un futuro más alentador, pues en el marco de la Conmemoración del Día Mundial de la Población del 10 de julio de 2009 que se realizó ahí, fueron llevados gratuitamente con el apoyo de la CDI, del Consejo Estatal de Población (COESPO), los Servicios de Salud del Gobierno del Estado, el DIF Estatal y el Ayuntamiento de Tepic, jornadas de salud, examen de Papanicolaou, atención dental, medicamentos, ropa y juguetes para un grupo de indígenas desplazados en situación de pobreza extrema, evento que anticipaba la fundación oficial de la comunidad que en lo sucesivo recibiría el nombre de LAS PALOMAS, en la que se realizó el corte del listón inaugural, dándoles posesión oficial de las tierras que ahora son propiedad de esa parte de la población más vulnerable.
Quizá un “grano de arena” para algunos pudiera ser éste tipo de apoyos en ese mar de necesidades vitales que tiene una familia, pero para los que carecen de todo como Joel, puede significar la diferencia entre un futuro en la delincuencia o un mejor vivir.
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