miércoles, 13 de abril de 2011

Diez reglas básicas para mantener un amor verdadero

Aunque en el asunto del amor no existen fórmulas mágicas o “recetas” que garanticen nada en ese terreno, si hay una serie de hábitos que bien vale la pena poner en práctica en pro de mejorar y fortalecer una relación amorosa. Si estás interesado en mantener o mejorar tu relación en pareja, permítete leer el siguiente decálogo escrito por un profesional en el tema.

En el amor verdadero se es feliz haciendo feliz a la pareja, tal como menciona el doctor Enrique Rojas en su libro “El amor inteligente” (2009), “El amor verdadero que nace de un enamoramiento firme, apasionante y sosegado, lleno de vida y con capacidad de ser racionalizado; es el que busca el bien del otro. Se es feliz cuando se hace feliz a la otra persona, pero no hablo aquí de una felicidad sencilla y dulzona, sin dificultades, ni frustraciones, fracasos importantes o sufrimientos que hacen mella en la vida”.


De hecho, del libro anterior es de donde se sustrae el decálogo que a continuación leerás, por considerarle sumamente interesante en aras de mantener un amor verdadero, ojalá sea de tu agrado y te resulte provechoso:

1. Enamorarse y mantenerse enamorado
Cuando existe la voluntad, los detalles sin duda son la manera más sencilla de mantenerse enamorado, conscientes de que definitivamente el paso de los años tiene sus efectos en nuestros cuerpos, pero la convivencia y el tiempo serán lo que permita pasar de estar “perdidamente enamorado” a estar “encontradamente enamorado”, atento de las necesidades del otro.

Amar implica actuar, lo podríamos traducir como un “me importa de ti”, y como “me importa de ti” me ocupo de ti, te dedico tiempo, dinero y esfuerzo para contribuir a tu bienestar.

El reconocimiento de las cosas que hace nuestra pareja por nosotros, sin duda es una aliciente que ayudará, y celebrar los buenos sentimientos atraerá a más sentimientos buenos.


2. Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón.
Al principio, todo es sentimiento, emoción y/o pasión, y varía en función de la edad, el momento, las circunstancias, la propia trayectoria. Más adelante todo debe ir siendo más racional, con más conocimiento, pero sin que los sentimientos pierdan sus rasgos, su fuerza inicial y su capacidad para tirar de los argumentos que los vieron nacer. El reto es transitar desde los sentimientos a la razón, teniendo como elemento de unión a la olvidada espiritualidad.

3. Cuidar el amor
El mejor amor se desmorona, se viene abajo, se hunde y oxida si no se le cuida. Por tanto el amor debe hacerse y trabajarse día a día a base de cosas pequeñas, en apariencia cotidianas, pero que constituyen el motivo del amor de pareja.

4. Utilizar herramientas que nos ayudan a seguir enamorados
La inteligencia y la voluntad.  En pocas palabras: firmeza en el esfuerzo continuado.

5. Luchar por no descuidar aspectos esenciales del amor
Los componentes fundamentales del amor conyugal son los sentimientos, especialmente en sus albores, y más tarde la sexualidad, unas creencias comunes, el esfuerzo por facilitar la convivencia diaria, y el compromiso fiel ante un proyecto que no es estático, sino dinámico. Por lo que son estos aspectos más la inteligencia y la voluntad, de los que hay que estar atentos.

6. Saber que la sexualidad desempeña un papel importante en la vida conyugal y que debe estar centrada en la comunicación.
El acto sexual, para que sea un encuentro entre personas y no entre cuerpos, debe ser al mismo tiempo algo físico, psicológico y espiritual. Físico, por la unión de dos cuerpos en un éxtasis placentero, debido a la penetración. Psicológico, porque se produce un intercambio de lo más típico y peculiar de la naturaleza humana: sentimientos, emociones y pasiones con los que culmina el acto sexual; intercambio afectivo, diálogo misterioso cuyo preludio es la desnudez física que desvela los espacios últimos y recónditos de la persona. Espiritual, porque una sexualidad bien entendida y con significado hace más humano al hombre y también más trascendental. El acto sexual vivido en profundidad es algo sagrado.

7. Compartir sentimientos, ideas y creencias, asegura su permanencia.

8. Mimar la conciencia diaria con racionalidad
La convivencia es un arte que necesita orden mental, observación de los fallos, los defectos y los errores que se van produciendo, búsqueda de soluciones a los conflictos. No hay que perder de vista que sus grandes enemigos son el cansancio del día a día, la falta de novedades de una vida monótona, lánguida e insulsa y el hecho de no compartir cosas ni intercambiar conductas gratificantes.

9. Comprometerse por encima de todo
No hay amor auténtico si no existe compromiso;  sin él la relación debe recibir otros nombres pero no el de amor. Si el amor es brindarse, invitar a alguien a participar en un proyecto de vida conjunto, es algo muy serio. Exige la libertad del otro; es más, su libertad queda comprometida en el amor. Pero, al mismo tiempo, debe buscarse ese punto medio, siempre difícil, de no renunciar a uno mismo, de mantener la propia personalidad y estar a la vez abierto a cambiar y rectificar lo que no vaya bien y dificulte los buenos modos. A largo plazo, la relación de dos personas relativamente independientes es mejor que aquella en que ambos se necesitan en exceso con un nivel tal de dependencia que dificulta el día a día.

10. Potenciar la espiritualidad
Si los sentimientos son la residencia donde se habita, la espiritualidad es el calor de hogar que quema y abraza y da fuerza para continuar.


En el seguimiento del presente decálogo, será la persevarancia una pieza clave, recuerda que el amor es una de las empresas más hermosas y complicadas que requiere esfuerzo y acción todos los días.


Fuente:
Rojas, E. (2009). El amor inteligente. Madrid, España: Ediciones Temas de Hoy, S. A.

Imágenes:
1. Fotógrafo: moodboard
2. Fotógrafo: Pam McLean/Fuse

1 comentario:

  1. Sin comentarios...
    http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=17748

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